
De izquierda a derecha: Skye Cuevas-Arevalo, Ben Verhoeven y Tristan Wampole en Kraemer’s Nursery. Fotografia de Josue Ramirez
Es temprano por la mañana cuando llego al vivero Kraemer’s en Mt. Angel.
Es un lugar tranquilo, similar a la iglesia a solo unos kilómetros, pero a medida que me acerco al centro del vivero, todo empieza a despertar.
Primero, un forklift. Luego, un equipo cargando un remolque. Una irrigadora haciendo su ronda. Luego, la sonrisa acogedora de Skye Cuevas-Arévalo, coordinadora de logística y mi guía turística de la mañana.
Skye lleva en Kraemer’s desde 2022 y ha ascendido rápidamente. Lo que llama la atención no es solo su actitud alegre, sino también la calidez y el respeto que muestra a sus compañeros de trabajo.
Skye se complace en contarme algunas de las mejoras que ha implementado el equipo, empezando por el uso de sus tenedores móviles. Imaginen un tenedor con 14 dientes, cada uno con la separación precisa necesaria para transportar una hilera de macetas de un galón.
Antes de este invento, todo el movimiento se hacía a mano con un equipo de 11 personas. Quince días agachados moviendo macetas todo el día, moviendo 100,000 o más boxwoods. La mejora “empezó como una forma de hacer que el trabajo en macetas fuera más ergonómico”, explica Skye. “Pero terminamos viendo mejoras de productividad en el transporte de las macetas”.
Ahora, el trabajo de 11 personas puede ser realizado por 4, con menos toques y, lo más importante, agachándose menos.
Mientras recorrimos el vivero, Skye me presenta a Tristan Wampole, gerente de cuentas de Kraemer’s. Me muestra una rejilla de madera de 2,5 x 2,5 cm atornillada. Al instalar el tenedor, notó que era difícil mantener la separación entre las macetas en el remolque. Corrió al almacén de mantenimiento durante su hora de almuerzo y salió con esta rejilla de madera. El conductor del forklift podía depositar una carga de plantas en maceta sobre la rejilla, manteniendo la separación exacta para que el siguiente conductor las descargara.
Tristan recuerda aquella tarde cuando el equipo preguntó de inmediato: “¿Pueden hacer 40 más?”. Unos años después, reemplazaron el primer lote de madera de Tristan con rejillas metálicas, pero aún se conservan algunas de las originales, recordatorios perdurables de la creatividad por encima del capital.
“Los empleados suelen tener mentes muy creativas”, dice Skye. Reitera que estas herramientas fueron “diseñadas para ayudar a los empleados. A partir de ahí, les encontramos otros usos”. Ahora tienen estaciones de tenedores con códigos de colores y rejillas que coordinan para masetas de diferentes tamaños. Tristan explica que los colores “hacen que alguien nuevo pueda hacerlo bien a la primera”.
Al despedirme de mis anfitriones, las lecciones más importantes que me llevo de mi visita son que si facilitas físicamente el trabajo de alguien, la productividad aumenta, y que el entusiasmo de Skye y Tristan es un buen recordatorio de que cuando se permite que la gente desarrolle su creatividad, no hay fin a la vista. Skye sonríe y dice: “¡Aún no hemos terminado!”. No podría haberlo expresado mejor.